El diplomático argentino Rafael Grossi dio un paso clave en su proyección internacional al presentar su candidatura para convertirse en el próximo secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, en reemplazo de António Guterres.
El actual titular del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) expondrá su visión ante la Asamblea General en Nueva York, en una instancia clave del proceso de selección que definirá al nuevo líder del organismo internacional para el período 2027-2032.
Una competencia global con varios candidatos
Grossi forma parte de una lista de cuatro aspirantes que buscan quedarse con el cargo. Entre ellos se destacan la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, la exvicepresidenta de Costa Rica Rebeca Grynspan y el exmandatario de Senegal Macky Sall.
Durante las jornadas de exposición, cada candidato presentará su propuesta ante representantes de los 193 países miembros, en un proceso que será transmitido públicamente.
El respaldo argentino y el perfil del candidato
La candidatura de Grossi fue impulsada por la Cancillería argentina, encabezada por Pablo Quirno, que busca posicionarlo como el primer argentino en liderar la ONU.
Con más de cuatro décadas de experiencia diplomática, el actual director del OIEA ganó reconocimiento internacional por su intervención en conflictos sensibles, como la guerra entre Rusia y Ucrania y las negociaciones vinculadas al programa nuclear iraní.
Qué propone Grossi para la ONU
En su presentación, el diplomático plantea la necesidad de una organización más eficiente, con capacidad de respuesta real frente a los desafíos globales.
Su enfoque apunta a un multilateralismo “más ágil y orientado a resultados”, con una ONU que pueda actuar de manera concreta ante crisis internacionales, en lugar de limitarse a declaraciones.
Cómo sigue la elección
El proceso de selección continuará tras las exposiciones con negociaciones internas dentro del Consejo de Seguridad, órgano clave que definirá al candidato final. Luego, la designación deberá ser aprobada por la Asamblea General.
La decisión final se conocerá a lo largo de 2026 y marcará el rumbo del organismo en un contexto internacional atravesado por conflictos, tensiones geopolíticas y demandas de reforma.