Edificio de la Knéset, el Parlamento israelí, en JerusalénLa Knéset. Foto: Clema12 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Más de 7,3 millones de israelíes están habilitados para votar. Las encuestas ubican primero al bloque del ex jefe del Ejército Gadi Eisenkot, aunque ninguno alcanzaría la mayoría de 61 escaños sin apoyos adicionales.

Israel celebra este martes sus primeras elecciones generales desde el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 y la ofensiva militar que le siguió en Gaza. El primer ministro Benjamin Netanyahu llega relegado en las encuestas, en el segundo lugar, detrás del ex jefe del Ejército Gadi Eisenkot.

Según la Comisión Electoral Central, 12.018 centros de votación abrieron sus puertas para 7.332.000 electores, incluidos los asentamientos de Cisjordania ocupada. Unos 330.000 jóvenes votan por primera vez.

Un Parlamento fragmentado

Compiten 38 partidos, aunque solo once superarían el umbral del 3,25% necesario para ingresar a la Knéset. Las últimas encuestas de las tres principales cadenas de televisión otorgan a la coalición encabezada por Eisenkot entre 52 y 56 escaños, frente a unos 50 del bloque de Netanyahu. Ninguno alcanzaría la mayoría de 61 bancas, por lo que el respaldo de los partidos árabes podría resultar decisivo para el bloque opositor.

Voto desde el exterior

Los diplomáticos en el exterior votaron el 15 de octubre y los soldados en actividad, desde el 21. Como Israel no permite el voto a distancia, la iniciativa Fly&Vote estima que al menos 67.000 israelíes viajaron desde el exterior para votar, en su mayoría desde Europa y Estados Unidos.

La Comisión Electoral advirtió sobre la circulación de rumores y desinformación durante la jornada y pidió a los ciudadanos confiar únicamente en la información oficial.

Una elección bisagra

Los comicios funcionan como un plebiscito sobre la gestión de Netanyahu durante la guerra y sobre las fallas de seguridad que permitieron el ataque de 2023. Un eventual cambio de gobierno podría modificar la estrategia israelí en Gaza y en la región, aunque la fragmentación parlamentaria anticipa negociaciones largas para formar una coalición.