El tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz continúa prácticamente paralizado, incluso después del anuncio de un alto el fuego entre Estados Unidos e Irán.
Datos de seguimiento de buques indican que la actividad es mínima, en lo que ya se considera una de las mayores interrupciones del comercio energético global de los últimos tiempos.
Un bloqueo que no se levanta
A pesar de la tregua de dos semanas, no hay señales de que Irán vaya a reabrir completamente el paso. Desde Teherán justifican la medida por la continuidad de los ataques de Israel en Líbano, que consideran una violación del acuerdo.
El resultado es un cuello de botella crítico: cientos de embarcaciones permanecen a la espera, sin poder cruzar uno de los corredores más importantes para el transporte de petróleo a nivel mundial.
Tensiones que complican la negociación
El frágil equilibrio diplomático enfrenta nuevos obstáculos a horas de negociaciones previstas en Pakistán. Desde Washington acusaron a Irán de incumplir compromisos vinculados al tránsito marítimo.
El presidente Donald Trump expresó su malestar y aseguró que el manejo iraní del estrecho “no respeta lo acordado”, en medio de crecientes tensiones.
Israel mantiene la presión militar
Por su parte, el gobierno de Benjamin Netanyahu reiteró que las operaciones contra Hezbollah no forman parte del alto el fuego, por lo que continuarán los ataques en territorio libanés.
Esta postura es uno de los principales factores que impide una desescalada completa del conflicto.
Impacto global
El cierre parcial del estrecho afecta directamente el suministro energético mundial, elevando la incertidumbre en los mercados y generando presión sobre el precio del petróleo.
El escenario sigue siendo inestable: aunque existe una tregua formal, la falta de cumplimiento pleno y los frentes abiertos mantienen al comercio internacional en alerta.