A once años del nacimiento del movimiento Ni Una Menos, la historia de Chiara Páez continúa siendo uno de los símbolos más dolorosos y conmovedores de la lucha contra la violencia de género en Argentina. Su femicidio, ocurrido en mayo de 2015 en la localidad santafesina de Rufino, provocó una reacción social sin precedentes y dio origen a una de las movilizaciones más importantes de la historia reciente del país.

Chiara tenía apenas 14 años. Era estudiante, tenía una vida rodeada de amigos y familia, y cursaba un embarazo de pocas semanas. La noche del 9 de mayo salió de su casa para encontrarse con su novio, Manuel Mansilla. Nunca regresó. Horas después comenzó una intensa búsqueda que movilizó a toda la comunidad.

El hallazgo que conmocionó al país

La investigación avanzó rápidamente sobre el entorno más cercano de la adolescente. Las contradicciones en el relato de Mansilla despertaron sospechas y, poco tiempo después, los investigadores encontraron el cuerpo de Chiara enterrado en el patio de la vivienda donde residía el joven junto a su familia.

La autopsia reveló que la adolescente había sufrido una violenta agresión física antes de ser asesinada. Los peritajes confirmaron graves lesiones y determinaron que el cuerpo había sido ocultado con la intención de encubrir el crimen. También quedó acreditado que Chiara estaba embarazada al momento de su muerte.

La brutalidad del caso generó una profunda conmoción en todo el país y puso en evidencia una problemática que venía creciendo silenciosamente: los femicidios y la violencia machista.

La lucha de una familia por justicia

Tras el crimen, los padres de Chiara, Verónica Camargo y Fabio Páez, transformaron el dolor en una bandera de lucha. Durante años encabezaron reclamos de justicia y participaron activamente en distintas iniciativas vinculadas a la prevención de la violencia de género.

En 2017, Manuel Mansilla fue condenado a 21 años y seis meses de prisión por el femicidio. Sin embargo, años más tarde la Corte Suprema de Santa Fe anuló esa sentencia y ordenó fijar una nueva pena dentro de los límites previstos por el régimen penal juvenil, debido a que el acusado era menor de edad al momento del crimen. Finalmente, en 2023, la condena quedó establecida en 15 años de prisión.

La decisión generó un fuerte rechazo por parte de la familia y de diversos sectores sociales que consideraron insuficiente la pena frente a la gravedad del hecho.

El nacimiento de Ni Una Menos

El femicidio de Chiara fue el detonante de una movilización histórica. El 3 de junio de 2015, menos de un mes después del crimen, cientos de miles de personas salieron a las calles de todo el país bajo una consigna que se convertiría en símbolo de una época: Ni Una Menos.

La marcha logró instalar definitivamente la problemática de la violencia de género en la agenda pública y abrió un debate social que continúa hasta la actualidad. Desde entonces, cada 3 de junio se convirtió en una fecha de reflexión, reclamo y memoria para las víctimas de femicidio.

Un nombre que sigue vigente

Más de una década después, el nombre de Chiara Páez continúa presente en cada reclamo por justicia y en cada movilización contra la violencia machista. Su historia se transformó en un símbolo nacional que recuerda la necesidad de seguir construyendo herramientas de prevención, protección y acompañamiento para mujeres y adolescentes en situación de vulnerabilidad.

Su femicidio no solo marcó la vida de una familia, sino que también impulsó un movimiento social que cambió para siempre la forma en que Argentina debate y enfrenta la violencia de género.