El tipo de cambio en Argentina volvió a ubicarse en niveles similares a los de 2017 en términos reales, lo que implica que el peso recuperó valor frente al dólar si se descuenta la inflación local y la de los principales socios comerciales del país. La situación genera interrogantes entre economistas y consultoras sobre la sustentabilidad del esquema cambiario actual y sus costos para la economía.
Según cálculos de la consultora LCG, el tipo de cambio real multilateral se apreció 7,7% en lo que va del año, una dinámica que contrasta con el contexto internacional, donde el dólar se fortalece frente a otras monedas.
Un dólar bajo como herramienta contra la inflación
El escenario se produce en un contexto en el que el Gobierno prioriza el control de la inflación, utilizando en parte un dólar relativamente bajo como ancla para moderar la suba de precios.
Analistas coinciden en que esta estrategia puede ayudar a contener la inflación en el corto plazo, aunque advierten que también reduce la competitividad de las exportaciones y presiona los márgenes de muchas empresas.
El rol de Vaca Muerta
A diferencia de lo que ocurría en 2017, hoy existe un factor que permite sostener este esquema por más tiempo: el ingreso de divisas del sector energético, especialmente por el desarrollo de Vaca Muerta.
De acuerdo con el informe de LCG, el país pasó de tener un fuerte déficit energético a un superávit creciente, lo que genera un flujo adicional de dólares que ayuda a aliviar la tradicional restricción externa de la economía argentina.
Ese ingreso de divisas permite, por ahora, sostener un tipo de cambio relativamente bajo sin que aparezcan fuertes tensiones en la balanza de pagos.
El peso se aprecia a contramano del mundo
El fenómeno también resulta llamativo en el contexto internacional. Según un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI), mientras el dólar se fortaleció globalmente por el aumento de la incertidumbre geopolítica, el peso argentino se apreció frente a la divisa estadounidense.
Desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, el dólar subió cerca de 2,8% a nivel global, mientras que el tipo de cambio oficial en Argentina retrocedió alrededor de 0,6% en términos nominales.
En ese mismo período, monedas como el real brasileño, el peso mexicano o el peso chileno registraron depreciaciones.
Intervención del Banco Central
Parte de la dinámica cambiaria también se explica por la intervención oficial en distintos mercados. Consultoras señalan que el Banco Central habría tenido una participación activa en el mercado de futuros de dólar, contribuyendo a mantener la cotización oficial por debajo de los $1.400.
Al mismo tiempo, las tasas de interés elevadas y la expectativa por la liquidación de la cosecha gruesa también influyen sobre la estabilidad del tipo de cambio.
Los costos del atraso cambiario
Aunque el ingreso de divisas energéticas permite sostener el esquema por ahora, varios economistas advierten que un dólar demasiado bajo durante mucho tiempo puede generar problemas.
Entre los efectos más mencionados aparecen la pérdida de competitividad exportadora, la reducción de márgenes empresariales y el impacto sobre el empleo en algunos sectores.
LCG recordó que en el período 2017-2018 el atraso cambiario terminó afectando tanto a empresas como a la balanza de pagos, lo que derivó en una corrección abrupta del tipo de cambio.
Un equilibrio frágil
En este contexto, el desafío para la política económica será administrar la apreciación del peso sin generar desequilibrios mayores.
Mientras el Banco Central continúa acumulando reservas —más de USD 3.300 millones en lo que va del año— y se espera un fuerte ingreso de divisas por la cosecha y la energía, los analistas coinciden en que el escenario actual puede sostenerse por un tiempo, pero no está exento de riesgos.